martes, 19 de abril de 2011

Partido 2, la inevitable soledad del pitido

Rasga el aire, durante tres segundos, un pitido molesto. También finito. Una sombra funesta avanza hacia la línea paralela con el banquillo. Se para a la mitad. Un saludo breve con los jugadores. No hay apenas contestación. Eres el enemigo. Ni al principio, ni al final. Nadie será cómplice de la justicia *[(in) justicia]. Si acaso, los mayores, y por compromiso, comienzan aprentado la mano para intentar espantarse los perjuicios interpretativos. Es la señal de que todo va a comenzar.

Un dedo afirmativo se cruza con una aseveración desde la mesa de anotadores. La bola arriba... Y a correr. Primeros segundos. Aquí ya estás solo, se acabaron las escenas pseudo realistas de comprensión, las conversaciones limitadas y sobre todo frías con los entrenadores, sobre fichas, números y capitanes, jugadores que faltan y que nunca vendrán, quejas varias sobre a saber qué... porque el contacto es inevitable entre los diez jugadores. Y, ahí, no existen las comprensiones, existen las reacciones.

Una vez más, y tantas veces como sean necesarias, el pitido cortará la inocencia del juego. Solo una interpretación es válida, y eso no quiere decir que sea la correcta. Solo cabe tomar una decisión. Como dice el viejo refrán, somos dueños de nuestras palabras pero esclavos de nuestros silencios. En el baloncesto, el árbitro es totalmente dueño de sus decisiones y claramente esclavo de sus errores. No importan otros aspectos. El error se ve claramente. El error se castiga, el acierto se obvia. Es así de justo *[(in) justo] el deporte.

Hay compañeros que directamente acaban su labor y no son capaces de ver nada más de baloncesto. Se puede decir, que acaban tan quemados por las protestas, quejas, insultos, *(remordimientos), que solo quieren desaparecer del mundo de la canasta cuando acaban sus partidos, tomándose su propia venganza contra el baloncesto, aquel que les condena a ser lobos solitarios y objeto de críticas y ataques por el resto de componentes del partido. En realidad, nunca he visto a ningún árbitro contento después de un partido. Más bien, todos solemos contagiarnos del mal ambiente que va creando el equipo que pierde. En los primeros cuartos esto es imperceptible. En el descanso piensas que estas haciendo el partido de tu vida. En el minuto 40 estás totalmente convencido de haber hecho un partido lamentable.

Yo no creo en revanchas con el baloncesto. Ya sabes a lo que te expones cuando decides arbitrar.

A mí me está valiendo para aprender a aprender (valga la redundancia) a aceptar las críticas de los demás, a tener que ser dialogante por cojones en discusiones artificiales provocadas por la naturaleza demoníaca del propio juego (unos ganan, otros pierden), a concentrarme únicamente en hacer bien mi parte, de la que después se me podrán exigir responsabilidades.

Pero no voy a negar que también salgo con una mala hostia de flipar después de un partido.

Un hombre de más de 35 años, después de marcarle los dedos a otro hombre de entre 30 y 40 años, intentará convencerte de que la situación ha sido al revés. Lo peor de todo es que se creen sus propias estratagemas para confundirte.

Al final del todo intento aislar las situaciones. Saber distinguir entre qué fue baloncesto, qué fueron errores, qué fueron aciertos, qué fueron maniobras de distracción.

Cuando me pongo la chaqueta para volver a casa, ya no soy árbitro, solo un amante más del baloncesto que elijió una tarea sucia de su deporte. He decidido cuál va a ser mi perfil de árbitro. Lo tengo casi pulido. Seré conversador en bajito con los respetuosos, pasota con los distrayentes y malo de la película con los tontolavas, aquellos que se piensan que lo saben todo de todas las cosas, que desprecian la labor de los demás sin juzgar nunca la suya propia. Con esos seré un poco malvado... sin gritar, pero a mi estilo, jodiendo desde la sombra.


domingo, 17 de abril de 2011

Partido 1, el arte de contemplar

Cuando la pelota ocupa su puesto, el silbato de forma mágica inicia un mecanismo imparable hacia una nueva jugada. En ocasiones, lo imprevisible triunfa, pero la mayor parte de las veces el baloncesto se convierte en una jugada matemática de una precisión absoluta.
Me explico. El baloncesto lo forman cientos de sistemas aritméticos distintos, en los que siempre hay diez variables móviles (los jugadores), y una variable constante (la pelota). TODOS los sistemas tienen sus posibilidades de acierto y sus posibilidades de fallo. A partir de ahí, puede haber conjunciones infinitas para llegar al desenlace.

La magia consiste en observar pequeñas historietas de apenas 24 segundos, en las que siempre hay un protagonista (el atacante), y varios antagonistas (el defensor y el árbitro, que puede desequilibrar la ecuación mágica de la pizarra en cualquier momento). Durante el camino se crea una trama bastante compleja de espacios, cortes, divisiones a canasta, inversiones, sobrecargas, pantallas y bloqueos directos e indirectos, pases picados, e incluso jugadas por encima de la canasta (en niveles avanzados, en novelas baloncestísticas muy cercanas a la ciencia y ficción)... hasta ahí la parte creativa del sistema infinito de ecuaciones. Después, aparece la parte destructiva de todo el complejo sistema. A saber: pasos, dobles regates (dobles), faltas en ataque, en defensa, técnicas por protestar, al banquillo, al entrenador, a un jugador, campo atrás, final de posesión, alternancia de posesión, etc.

Es un deporte precioso, y, sobre todo, preciso. El baloncesto corona a sus propios heroes. De antemano nadie sabe quién lo será. En otros deportes es fácil saberlo, porque las posiciones avanzadas o pivotes meten los goles, y los de atrás solo tienen que defender. Sin embargo, el baloncesto convierte a todas sus piezas en potentes armas ofensivas o defensores audaces, porque todo el mundo tiene que hacer de todo. Si falla una pieza se acaba la trama. Por eso, el juego en equipo domina el partido y en ocasiones, los dibujos imaginarios rozan lo artístico, lo poético diría yo, en algunos casos. En este deporte, hay alfiles que te matan desde fuera, torres que destruyen en la pintura, pequeños peones que dirigen al grupo hacia el jaque mate, hacia ese tiro perfecto que culmina un sistema. Es el apoteosis de los juego en equipo, porque cumple rigurosamente la definición perfecta de este concepto.

Cuando la pelota hace chof!! al contacto con la red, la pequeña historia termina. Cuando la pelota vuelve al suelo, el escenario cambia, cambian los decorados y los antagonistas se vuelven protagonistas. Alguien gritará desde el medio campo... LA ELE!! y los peones, torres y alfiles se pondrán a trabajar. Si el contrario los diluye, otro sistema entrará en juego. PUÑOS!! (por ejemplo). Nuevos movimientos y el suspense de saber si la historia es vendible o no. Un error o un acierto depende de ello.

Y así, de 24 en 24, durante 40 minutos, los tiempos muertos volarán, los descansos serán discusiones de 10 jugadas o más, que todos han memorizado y habrán interrogatorios fuertes, muy duros, de los de responder que hacías en la posición tal a las 13 y tantas de la tarde. Si no hay justificación, la fría madera del banquillo se convertirá en tu compañera de celda, habrás perdido tu pequeña partida individual, aunque el juego no parará por nada del mundo. Héroes y villanos sin premeditación. El arte de lo imprevisible individualmente en un juego que vive, precisamente, de no improvisar en absoluto.


viernes, 12 de noviembre de 2010

Liga Femenina de Baloncesto. Jornada 7

|Liga Femenina de Baloncesto| - Jornada 7 - Ros Casares 86 – 41 UNB Obenasa Navarra

Las valencianas siguen su pulso por el liderato con Perfumerías Avenida Salamanca

Ros Casares ‘se merienda’ a Navarra sin complicaciones

Las debutantes dieron guerra durante siete minutos y después fueron comida rápida para el engranaje de las campeonas de liga,
que suman así la séptima victoria consecutiva

Valencia, 06/10/2010. Fernando Sancho.- No hubo sorpresas, ni giros argumentales imprevisibles dentro del guión. Ros Casares se impuso en “La Fonteta” por 45 puntos ante Obenasa Navarra, en la disputa de la séptima jornada de liga, demostrando algunos de sus valores más destacables, calidad y compromiso.

Era un duelo conceptualmente desigual, en principio. Las pupilas de Jordi Fernández lucían un 6-0 en su record, mientras el equipo dirigido por César Ruipérez apenas había conseguido una victoria, frente a Ibiza (1-5). No obstante, el comienzo del partido parecía igualar las cosas.

El duelo táctico inicial se jugó en la defensa. Los cambios de sistema zonal se sucedieron jugada tras jugada y a las azules se les atragantó el juego de transición ante tal despliegue de variedad defensiva por parte de las navarras.

Así, en el minuto 5, el equipo colista mandaba por 8-9, poniendo un ritmo lento al partido y una intensidad defensiva que no fueron capaces de mantener durante el resto de juego. En el Ros sólo dio la cara la alero checa Jana Veselá, autora de 8 puntos en el primer cuarto, para poner el (10-9). Con un triple de Paula Palomares (máxima anotadora de su equipo, 13 puntos) Navarra alcanzó su máxima ventaja en todo el partido (10-12), (min.7). A partir de ahí, un parcial demoledor de 11-0 hasta el final del periodo para Ros Casares rompió el partido definitivamente. Despertó Marta Fernández para anotar 5 puntos consecutivos, y la pívot norteamericana Rebekkah Brunson le puso la guinda al cuarto con dos canastas por potencia (21-12).

En el segundo acto, Ros Casares siguió aumentando la intensidad. Redondearon la remontada con un escalofriante 15-0 de parcial (25-12), gracias al buen trabajo en la pintura de la brasileña nacionalizada española, Cindy Lima. Navarra anotó con cuentagotas en este cuarto (sólo 8 puntos), y lo hizo desde la línea de personal. Cecilia Liñeira redujo las distancias (28-17) con la primera canasta de su equipo tras siete minutos sin anotar.

No obstante, el oxígeno volvió a durarles poco tiempo a las visitantes. Laia Palau asumió la dirección de las locales, que comenzaron a correr a la contra y a mover la pelota rápidamente en transición, buscando en la pintura a Brunson y Lima (45 de valoración entre ambas). Fruto de este trabajo Ros Casares volvió a percutir con un parcial contundente de 14-0. Navarra desapareció ante el espectáculo valenciano. Las pérdidas en ataque fueron constantes para las pamplonesas (un total de 24 en todo el partido), y la segunda canasta del cuarto llegó sobre la bocina a cargo de Asurmendi (42-20).

Tras el descanso se fraguó la paliza definitiva. Las personales de Chones fueron un problema para Navarra, sin argumentos defensivos desde entonces. Nuria Martínez abrió el periodo (44-20) y las rápidas penetraciones de Marta Fernández le dieron 4 puntos consecutivos a la escolta mallorquina desde el 4,60. Su desparpajo fue un castigo constante ante la lentitud de Navarra, que sólo salió de las profundidades para “clavar” un triplazo contra tabla y sobre la bocina de Palomares (56-29).

Entonces apareció la verdadera protagonista del partido, Edwige Lawson, para eclipsar el pequeño parcial de 0-5 a favor de Navarra con 9 puntos consecutivos. La facilidad con que anotó cada canasta puso el fervor en la grada local. La base francesa acabó el encuentro con 18 puntos, siendo una de las jugadoras más destacadas del Ros Casares. Otra canasta de Liñeira en el último segundo maquillaba el ridículo de Navarra (65-31).

Los últimos diez minutos nada ponían en juego. La zona visitante hacía aguas y César Ruipérez se desgañitaba en el banquillo pidiendo más intensidad. La calidad de Marta Fernández y el juego interior combinado de Cindy Lima y Rebekkah Brunson, hacían inútil los intentos desesperados por acortar distancias de las navarras, que, a pesar del abultado marcador, firmaron un dignísimo 6 de 15 desde la línea de 6,75. Sin embargo, el marcador final no deja ninguna duda de lo que pasó en la cancha (86-41).

El encuentro sirvió para ver el debut en la categoría de la pívot serbia Vukicevic, que demostró potencia y buena actitud defensiva para las navarras, sumando 7 puntos de valoración. En el cuadro local, Jordi Fernández no pudo disponer de Linda Frohlich, por problemas lumbares, y Katie Douglas por una lesión en el pie. El catalán prefirió reservarles para el encuentro de Euroliga que les enfrentará frente al conjunto polaco PWSZ Gorzow el próximo miércoles, también en “La Fonteta” a partir de las 18:45 h.

Ficha técnica

86 – Ciudad Ros Casares Valencia (21+21+23+21): Martínez (5); Fernández (18), Veselá (11); Anosike (0), Brunson (17) –quinteto inicial-, Palau (3), Lawson (18), Lima (14).

41 – UNB Obenasa Navarra (12+8+11+10): Asurmendi (3); Palomares (13), Díez (6); Cinite (5), Chones (2) –quinteto inicial-, Lizarbe (0), Liñeira (6), Vukicevic (4), García (2).

Árbitros: Susana Gómez López y Javier Millera Mas. Sin eliminadas.

Incidencias: Partido correspondiente a la séptima jornada de la Liga Femenina de Baloncesto disputado en el Pabellón Municipal Fuente de San Luis (Valencia), a las 18:30 h., ante 800 espectadores. Al final del encuentro Laia Palau firmó fotos personales para los aficionados.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los 'galácticos' de la NBA


‘BEACH BOYS’: UNIDOS POR LA ‘PASTA’

La noche del 8 de julio de 2010 será recordada en los anales de la competición deportiva más exportada del mundo, la NBA, como la noche que cambió para siempre el concepto de equilibrio imaginario entre las franquicias. A las 11 en punto, Lebron James se encontraba ante los micrófonos de la TNT, en un plató bastante frío y gris de la sede televisiva que tiene la cadena en Greenwich, Connecticut, que se asemeja demasiado a un gimnasio mal cuidado de instituto. Sentado en un taburete de madera alto, como recién sacado de la foto del catálogo de verano de una tienda de muebles, y combinando horrorosamente una camisa de cuadros rosa con unas náuticas de color verde, "El elegido" se disponía a resolver frente a las pantallas su futuro deportivo.

Jim Gray, totalmente sorprendido pero aguantando la emoción de sus palabras, intentó tapar el silencio tras el breve rumor timorato de gran parte del público presente, cuando Lebron James decidió que su programa, "La decisión", valga la redundancia, debía congelar el corazón a Donnie Walsh, presidente de los Knicks, a Dan Gilbert, pardillo esperanzado por conservar “su” proyecto personal (Lebron) nacido en el pueblecito de Akron, Ohio, a sólo 39 kilómetros del Quickens Loans Arena (Cleveland), pero, más que nadie, a Pat Riley, el gestor desde ese momento del proyecto más ambicioso jamás narrado en el juego del baloncesto.

-“¿Miami Heat?, - espetó la voz confundida de Gray, ¿Esa es la decisión que has tomado está mañana?”

-“Sí, Miami Heat. Esa es mi decisión. Es la decisión que he tomado esta misma mañana”.

Porque los periódicos nacionales abrían precisamente en portada la mañana del 8 de julio con la noticia del fichaje de Chris Bosh por los Heat. "The franchise"(Bosh), en enero, ya le había dicho a Brian Colangelo (manager general de los Raptors) que Toronto no iba a ser su destino como agente libre.

El de Texas necesitaba algo más acogedor, un proyecto más ambicioso y la playa de South Beach, aquella que encumbró la utopía de Dwyane Wade, Tim Hardaway y Shaquille O'Neal en 2006, y les convirtió en inesperados ganadores del anillo frente a Dallas, planeaba en su cabeza juguetona desde que en 2008, una reunión secreta en los JJ.OO. de Pekín con "Flash" Wade le hiciera replantearse su futuro como profesional.

El 7 de julio ese sueño salió a la palestra. Chris Bosh anunció su llegada a los Heat. Horas después, James, que había esquivado el asunto del Mundobasket de Turquía con la excusa poco creíble (en principio) de rodar una película sobre su vida, cambió de idea para sustituir el largometraje por un cortometraje al estilo "reality show", en un programa de emisión nacional titulado "La decisión" y emitido por TNT, como ya hemos comentado.

Por tanto, la conexión causa (llegada la noche anterior de Chris Bosh a Miami) – consecuencia (Lebron James decide unir su destino profesional con el club del sur de Florida), tiene bastantes visos de ser una realidad.

En ese momento, las arcas repletas de millones de dólares de los Heat, comenzaron a moverse al ritmo de los nuevos contratos para "Los chicos de la playa". Y es que, durante los próximos 6 años, estos jóvenes de entre 25 (James) y 28 (Wade) años, se repartirán a partes iguales un botín salarial, sagrado e incorruptible de 330 millones de dólares. A 110 millones por barba, con la posibilidad de decidir su escisión de esta macro-sociedad cooperativa del deporte en el año 2013, podrían alcanzar los 22 millones netos en 2015, independientemente de su rendimiento deportivo.

Son las reglas de la NBA, tras las que en ocasiones se ocultan jugadores como Stephon Marbury o Eddy Curry, que amparados por la sacralización de los contratos, pudieron disfrutar de entre 15 y 20 millones de dólares por no trabajar, durante las últimas temporadas y por cortesía de los New York Knicks.

Por un lado, estos contratos aseguran que el jugador no pueda negociar con ningún otro club antes de finalizar el mismo, pero por el otro, dan pie al mayor de los dramas cuando un jugador que cobra 20 millones por temporada se niega a jugar. Miami, claro está, espera que esta no sea la situación de ninguno de los miembros de su "Big Three".

Así, el principal agraviado moral de toda esta operación, Dan Gilbert, presidente de los Cleveland Cavaliers, el equipo al que Lebron guió hasta las finales de 2007 frente a San Antonio Spurs, vio en apenas media hora como todo su proyecto de gloria personal se apagaba con las palabras del exiliado y odiado, desde ese momento en todo el estado de Ohio, Lebron James.

"El auto declarado ex 'King' se llevará la 'maldición' con él al sur. Y hasta que no haga lo 'correcto' por Cleveland y Ohio, James será, desafortunadamente, poseedor del castigo y el mal karma", expresó Dan Gilbert en una carta personal dirigida a Lebron James y escrita con el Microsoft Word 98, en letra Comic Sans, a cuerpo 12.

La noche de "La decisión", la ciudad de Cleveland se echó, literalmente, a las calles para protestar contra el que consideraban gran traidor. Se retiró todo el merchandising con la imagen del "23", y los aficionados de los Cavaliers quemaron camisetas de Lebron y cubrieron las pancartas promocionales de la compañía Nike con el lema “Todos somos testigos”, con las palabras “del desertor”.

Pero nada pudo dar marcha atrás al proyecto de Miami. Las críticas llegaron desde todos los sitios. El polémico Charles Barkley, antiguo jugador de los Philadelphia 76ers y ahora comentarista deportivo, dijo sobre James que “Nunca será Jordan. No importa cuánto gane en Miami, es claramente el equipo de Dwyane Wade”.

Y, el propio Michael Jordan, actual propietario y máximo accionista de Charlotte Bobcats, llegó a poner en tela de juicio la honestidad de la operación y aclaró que “yo nunca hubiese llamado a Larry (Bird) o Magic (Johnson) para decir: "Hey, mira, juntémonos y juguemos en un equipo".

Lo cierto es que, a un verano vista del mayor descalabro jamás narrado en la NBA, si nada se tuerce y los sindicatos no llegan a un acuerdo con la patronal para renovar a la baja los sueldos de los jugadores antes del 30 de junio de 2011, la mejor promoción de toda la década, el draft del 2003, ya ha asegurado su futuro.

Para ello, Dwyane Wade, el anfitrión, actuó como tal y se rebajó su límite salarial en medio millón por temporada para aumentar al máximo posible la capacidad adquisitiva de su franquicia, que lo ha tenido muy complicado para añadir piezas de alto valor a los "Beach Boys" sin sobrepasar el tope salarial impuesto por la NBA, llamado impuesto de lujo, que obliga a pagar un dólar adicional al fondo de compensación de la liga por cada dólar que gaste el club por encima de lo pactado (70 millones de dólares esta temporada).

Y, de hecho, es complicado aventurarse a asegurar que Miami Heat ha logrado arropar con garantías a los tres fenómenos. El 12 de julio traspasaban al número 2 del draft de 2008, Michael Beasley, a Minnesota Timberwolves por prácticamente nada (un jugador de segunda ronda en próximas elecciones del draft). Esto se debió únicamente a problemas con los salarios. Así, pudieron liberar los 4,9 millones al año que cobraba el alero. Es decir, más espacio salarial para los "Chicos de la Playa". Es decir, mayor brecha de calidad entre la élite del equipo y los otros 9 chicos que componen la plantilla.

Porque, si al baloncesto se jugara únicamente con las estadísticas, la presencia en cancha de Lebron James (29,7), Dwyane Wade (26,6) y Chris Bosh (24), le aseguraría a Miami la no desdeñable cifra de 82 puntos todos los partidos (con las estadísticas de la pasada temporada).

Lo que no recogen las estadísticas es el esfuerzo colectivo que eso supone, y las personas que trabajaron repartiendo asistencias para lograr esa cantidad de puntos de las tres estrellas. Lebron James llega de Cleveland, y allí jugaba Maurice Williams, 5 asistencias cada noche. Chris Bosh llega de Toronto, donde un chico de Badajoz, llamado José Manuel Calderón, promedia 6,5 pases de canasta cada noche.

Pues bien, en Miami Heat juega Carlos Arroyo, que firmó 2,7 asistencias la pasada temporada. Este año, pues, el esfuerzo individual de estas tres estrellas debe multiplicarse, por lo que el primer reto que deben superar Lebron y cía. pasa por crear una sinergia colectiva para alcanzar un juego más solidario entre los tres y poder optar al anillo, ese tabú al que descaradamente se refería Michael Jordan cuando criticó "La decisión", o al que de soslayo (porque sólo en el 93 le pudo ver la cara de frente), hacía referencia "gordo" Barkley cuando decía que Lebron no iba a ser nunca Jordan.

Porque "La Decisión" es algo tan sencillo como reunir a 3 de los mejores 10 jugadores de la liga para asaltar el trono defendido por Los Ángeles Lakers, previo paso por el "Garden" de Boston para desbancar al "Big Three" de las tres hojas de trébol, Garnett, Allen y Pierce, en una hipotética final de Conferencia Este.

En estos equipos, la idea de bloque ya está consolidada. Los nuevos "Beach Boys" deben aún crearla. Nombre a nombre, y con la plantilla delante de sus ojos, Eddie House tiene que ser la mano derecha de Wade, Zydrunas Ilgauskas el complemento adecuado para Bosh, y Jerry Stackhouse el chico que pueda suplir con garantías a "El elegido" James.

Con estos ingredientes, más una rotación constante donde todos se sientan parte de la trama (de momento) únicamente económica, la gloria deportiva podrá ser posible para "Los chicos de la Playa", esos jóvenes descarados llamados a cambiar para siempre la historia de la liga.

jueves, 21 de octubre de 2010

Cuando Napoleón perdió la razón


Ettore Messina, ese personaje de nariz superlativa, presencia enjuta y manos en los bolsillos. De claridad en el gesto, siempre vertical en las indicaciones, recto y frío a la par que violento en el tono, se está haciendo viejo.

En su DNI tan sólo figuran 51 tiernas primaveras, algunos pensarán escasas si las comparamos con las 70 "castañas" del "recordman" del momento en la NBA, Don Nelson, retirado con su pequeño gran tesoro de 1.333 victorias; o del maestro Zen, Phil Jackson, gurú del ideario ofensivo de la década de los noventa, y padre (y abuelo, en algunos casos) de los referentes del basket moderno: Michael Jordan y Kobe Bryant, a sus 65 aniversarios.

Phil y Don sobrevivieron al oscurantismo casi enfermizo de los tristes e individualistas años 90, donde se puso de moda la palabra "contemporizar", nada tan evidente como ocultar tras esta herejía rellena de ambiguedad la mediocridad en la forma, no sólo de entrenar, sino incluso de pensar (si es que existe alguna diferencia), de señores de tono muy serio como Hubbie Brown, Larry Brown o Jerry Sloan. Y sobrevivieron de forma sencilla, creyendo en el juego y la imaginación de sus jugadores, demostrando que la defensa y el ataque, siempre combinados, podían convivir en paz y en armonía.

Todo lo contrario a Ettore Messina, un enfermo del 2-3 defensivo y de los balones a "metrallazos" en la zona para jugar un duelo de pívots. Suena incluso caballeresco, si no fuera por el hecho de quedar como un hortera en cada partido, incapaz de adaptarse al nuevo juego evolucionado, réplica europeísta de los tristes años 90 americanos (es un hecho que la Euroliga está muy lejos de la NBA) que practican en el este de Europa.

Hubo un tiempo en el que el Señor Mesina de Calabria (Sicilia) alimentaba su propia leyenda a base de títulos y apariciones en la élite de la Euroliga. Su figura emergía todas las temporadas en el mes de Mayo para disputar en cualquier capital de Europa el trono del "rex inter-pares". Le gustaba ser la incógnita, el líder del equipo llegado desde el frío (CSKA) que contemporizaba a las mil maravillas. Ese basket casi pleistocénico, de más de 20 botes al balón por ataque, de Siskauskas, Robert Jr. Holden, Matjad Smodis y Viktor Khryapa.

Defensa como forma de vida, realmente el retiro pacífico en la Isla de Elena de un pequeño emperador del baloncesto europeo que por inercia e incomprensible talonario de petrodólares (Rusia siempre usó la propaganda del despilfarro de millones para ocultar millones de estómagos vacíos) representaba el romanticismo en la prensa ávida de incautos que siempre se sorprenden por los mismos retrógados hechos intrascendentes.

Ya se sabe que el basket más anodino da resultados. Grecia está ahí. "Bad boys" (Detroit) también pululan en el espectro radioeléctrico del desencanto visual. Y Messina lo intenta, por supuesto. Aunque en este caso nada claramente a contracorriente (igual que Napoleón en Egipto ante las tropas del Almirante Nelson). Por dos razones: primera, Florentino Pérez entiende esto del deporte como un espectáculo, no como una amarga partida de pistolas de bolas de pintura; segunda, Antonio Maceiras entiende esto del baloncesto como una evolución constante del individuo. Nos deleitó con el trío de ases (Jasikevicius, Navarro y Bodiroga) en el 2003. Creyó en un soñador del baloncesto como Svestislav Pesic, y cuando Laporta se puso su traje de cacique se fue por ética profesional.

No le pega ahora ser el director deportivo de este incomprensible proyecto hacia la nada que es el Real Madrid de Baloncesto. No obstante, lo es. Y me parece que aquí nada tiene ya sentido. Mientras que figuras crecientes deberían emerger (Velickovic, Ante Tomic, Nikola Mirotic) al calor de la gestión de Maceiras, Messina los apresa entre las rejillas de madera del frío banquillo, los exprime al máximo en defensa y les exige olvidar la base de su juego, que es el talento, para construir de nuevo su imperio arcaico del CSKA de Madrid.

Sangrante es el caso del Novika Velickovic. Un jugador absolutamente imprescindible en los planes del Real Madrid, que, sin embargo, observa atónito como la cabeza de su entrenador se olvida de él al preparar los partidos. En la derrota de Euroliga frente a Olympiakos sólo jugó 4 minutos.
El proyecto de jugador total que espera Messina de este chico de 24 años debería comenzar por asentar parte de sus cualidades, a saber: velocidad, rebote ofensivo, fuerza y muy buen juego interior; y no forzar su ingreso en el club de fracasados "quiero ser el nuevo Tony Kukoc", que ya integran ilustres de este deporte como Rudy Fernández o Bostjan Nachbar.

"Nole" reclama su sitio. Él es ala-pivot. Un ala-pivot de los de siempre, no un moderno "3" de los de ahora. No tiene tiro exterior, y, por mucho que se empeñe Messina no sabe defender. Pero Velickovic tiene la pasión por este deporte que tenían Drazen Petrovic, Nikos Galis o "Epi". Jugadores muy diferentes que encontraron su sitio a base de esfuerzo y persistencia, pero, sobre todo, a base de saber quienes eran en el mundo de la canasta.

Pavlicevic, Ioannidis y Aíto (respectivamente) hicieron de ellos mitos baloncestísticos que aún perduran en las memorias de los más incondicionales. Y, por más que pase el tiempo, jamás se borrarán.

Pero, Messina, ese entrenador ganador de Euroligas (dos con la Virtus, dos con el CSKA), no tiene el honor de ser el mentor de ninguna leyenda de este deporte. Su carácter frío, apático y quijotesco, se lo prohíbe. También sus ansias de poder. También su capacidad de hacer del todo (del equipo) un clamor a favor de su propio "yo", de estrangular talentos y convertirlos en tristes máquinas sin alma.

A veces... su soberbia llega a límites de mala educación.




"Nole" se ha quejado. Messina dice que jugará más a partir de ahora (como publica Tubasket.com). Y que lo hará de 4.

La paradoja es que eso ya lo sabe Dusan Ivkovic en la selección serbia, lo sabe el propio Velickovic y lo sabe cualquier aficionado medio al baloncesto. Desde hace dos o tres años.

Definitivamente, Napoleón ha perdido del todo la razón.

viernes, 27 de agosto de 2010

2010, la pasión turca en Estambul

Entre el 28 de Agosto y el 12 de Septiembre se pondrá en juego el trono de España en el Mundobasket de Turquía

El 3 de septiembre de 2006 la selección española de baloncesto entró en la historia al conseguir su primer Campeonato del Mundo. Saitama (Japón) fue testigo fiel del amor hacia un deporte que los ÑBA demostraron durante aquellas semanas y que culminó en la victoria final sobre la temible selección griega por (47-70).

Los triples de Garbajosa volaban desde su Torrejón natal y abrían heridas de muerte a cada intento entre las filas helenas, claramente amedrentadas ante los cambios de dirección de Navarro, las defensas de Marc Gasol (que realizó probablemente el mejor ejercicio de defensa individual visto en los últimos años frente al gigantón Sofoklis Schortsanitis), y el espíritu guerrero de Felipe Reyes.

Seguramente nada habría ocurrido como de hecho ocurrió de no ser por el resbalón del grandullón de Sant Boi en semifinales contra Argentina. La noticia no podía ser peor. Último minuto de juego y España debía fiar su futuro en la competición a la inspiración de un equipo atemorizado ante la caída de Pau, que se partió el dedo meñique de su pie izquierdo.

Finalmente, el no triple del “Chapu” Nocioni nos metía en la final con un apretadísimo (75-74). Y allí estaba Pau, con sus muletas, llorando de felicidad ante el resuello orgulloso y colosal de todos sus amigos, que lo habían hecho por él. Se habían “cargado” a la máquina perfecta, a los únicos que habían sido capaces de humillar mundialmente a Estados Unidos, a la todopoderosa Grecia. Con Giannakis en la banda, Papaloukas en la dirección y Spanoulis de pieza asesina letal parecía una auténtica quimera superarles.

No obstante, los chicos que bailaban el juego de la pocha y escuchaban el pizpireto “El busto es mío”, de Ricky López, iban a brindarnos la mayor de las alegrías. Y sin saberlo, iban a dar el mayor de los homenajes al señor bajito que los guiaba desde la banda, y que había perdido a su padre la noche anterior, Pepu Hernández. Él les infundió el estilo defensa-contraataque, que aún hoy no han perdido.




7 de septiembre, con los 'cruces' en la cabeza

Esta vez será una nueva historia. Uno de los pulmones baloncestísticos de la tierra (Turquía) acoge el evento, y por tanto el riesgo de arbitrariedades arbitrales (valga la redundancia) acampa en el ambiente. Ya lo vimos en el Eurobasket 2001, con la falta técnica y segunda falta técnica (y por tanto descalificante) a nuestro técnico Javier Imbroda, en un irrelevante partido de fase de grupos ante Turquía, evidentemente.

Ahora, la nave española está comandada por el italiano Sergio Scariolo, que debe intentar revalidar el trofeo James Naysmith, al menos, si observamos el potencial de los “Golden Boys”.

Aun sin nuestro gran referente Pau Gasol, que se encuentra descansando tras prácticamente dos años enteros al máximo nivel, y con la inesperada ausencia por lesión de José Manuel Calderón, España parte como gran favorita. Así lo aseguraba recientemente Kevin Durant, el líder de EE.UU. de cara al Mundobasket, en una entrevista concedida a Marca. “El equipo español es el actual campeón y merece ser considerado como favorito”. Y así lo refrendan los grandes nombres que presenta la selección: Juan Carlos Navarro, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Marc Gasol, Felipe Reyes… que ofrecen un punto de calidad por encima del resto de equipos (a excepción de EE.UU., lógicamente).

Francia será nuestro primer rival en el Grupo D, un grupo bastante asequible que no admite otro resultado que no sea pasar primera de grupo. Por galones, la propia Francia y una Lituania en horas bajísimas, pero con la presencia del nuevo jugador de Toronto Raptors, Linas Kleiza, deberían copar el segundo y tercer puesto en esta fase de grupos. La incógnita aparece en la lucha por el cuarto puesto, que se disputará seguramente entre Líbano, Nueva Zelanda y Canadá, selecciones de segundo o tercer nivel que no tienen nada que perder en este torneo. Quizá el “poderío” interior de Canadá, que contará con la participación del pívot de Miami Heat, Joel Anthony, pueda decantar ese cuarto puesto a su favor, pero lo cierto es que es imprevisible pronosticar con acierto qué “cenicienta” llegará hasta octavos.

El ‘cruce’ para España, si todo va bien y pasa primera de grupo, se produciría el 7 de septiembre en Estambul frente al cuarto clasificado del grupo C. Turquía, Rusia y Grecia parecen muy superiores en ese grupo, por lo que es más que probable que, Puerto Rico, con Barea, Reinaldo Balkman, Daniel Santiago o Peter John Ramos (el gigantón de 221 centímetros) acceda a octavos como cuarto clasificado.

Si vencemos a los boricuas (aventura lógica-resultadista de por medio) nos podría tocar enfrentarnos en cuartos de final, el 9 de septiembre, a la actual subcampeona de Europa, Serbia. Los ‘`Plavi’ recuperarán para esta fecha a dos de sus referentes, Milos Teodosic y Nenad Krstic, que han sido sancionados por la FIBA con tres partidos por el incidente ante Grecia, y se supone que su cruce de octavos será contra Eslovenia, un duelo balcánico más que interesante.

El 11-S, cosas del destino, si este juego de naipes llamado hipótesis se va cumpliendo, podremos disfrutar de unas semifinales EE.UU. contra España. Ambas deberían pasar primeras en su grupo e ir ganando el resto de partidos para que esto sucediese. Por tanto, no faltarán voces que pidan quedar segundos para evitar al ‘coco’ hasta la final, como ya sucediese en 2006 (Grecia hizo el favor de su historia al derrotarles).

Después de todo eso… Who knows that will happen? Luchar por las medullas podría ser nuestra única esperanza, de ser derrotados por el ‘Team B’. No obstante, una buena revancha de aquella final de Pekín 2008, con su consiguiente machada deportiva para la posteridad, haría aparecer en el horizonte una Argentina o Turquía con el cuchillo entre los dientes para la gran final del 12 de septiembre.

El mundial de las ausencias

El único ‘pero’ posible a este Mundobasket, lo encontramos en las notables ausencias en la práctica totalidad de las selecciones que aspiran al título. Ginobili no irá con Argentina, ni Nowitzki con Alemania, ni Pau con España… ni por supuesto Lebron James y Kobe Bryant con EE.UU.

Pero el virus de las ausencias también afecta a equipos de nivel medio. Kirilenko no ayudará a Rusia, Steve Nash a Canadá, Peja Stojakovic a Serbia, Kostas Koufos a Grecia… y así hasta configurar un boceto de bajas, que para nada le van a quitar intensidad y emoción al evento.
De hecho, esta es la gran oportunidad para conocer si de verdad Ante Tomic es el pívot del futuro en Croacia, si Nick Calathes hará olvidar a Papaloukas en los helenos, y, evidentemente, si Ricky Rubio puede enmudecer definitivamente al mundo entero por España.

Sin embargo, la principal “chuchería” de la fábula baloncestística debe ser Serbia. Esos chicos tienen futuro. Velickovic, Tepic, Bjelica, Macvan o Keslej no superan los 23 años de media y ya saben lo que es jugar una final internacional de primer nivel, la que disputaron frente a España el pasado septiembre en el Eurobasket de Polonia.

Particularmente, el nuevo brote del basket mundial les pertenece, y, si bien es cierto que no se esperan sorpresas de su parte (meterse en medallas sería una hecatombe), por lo menos para el aficionado puro a este deporte se postulan como la selección que más nos va a divertir a todos.

Sólo faltan 24 horas para que las zapatillas resbalen por los parquets de Izmir, Estambul, Ankara y Kayseri; para que el cuero del esférico empiece a perforar la red con ese sonido característico que sólo consigue el baloncesto. Como diría el gran Joaquín Prat en el mítico programa, El precio Justo… ¡A Jugaaar!

miércoles, 25 de agosto de 2010

'Calde' y Rondo, para casa

Este sábado a las 20:00 h. (La Sexta) la selección Española debutará frente a la Francia de Boris Diaw en la ciudad de Izmir, Turquía. Y lo hará con una baja de primer calado que se conocía durante la jornada de ayer, la de José Manuel Calderón. El base pacense se lesionó durante el encuentro que disputó frente a EE.UU. el pasado domingo en Madrid. Se trata de una microrotura de un centímetro en el bíceps femoral de la pierna izquierda, lo que le hará permanecer alrededor de 20 días de baja, un periodo lo suficientemente amplio como para forzar su salida de la competición a escasas horas del debut.

El propio Calderón sollozaba en el vestuario "Me he roto, me he roto. Otra vez igual", mientras recibía las atenciones del médico, Víctor Laínez. Y es que sus expectativas de cara a la cita con la selección eran muy altas, ya que el de Villanueva de la Serena (Badajoz) también se perdió el Europeo de Polonia 2009 por problemas en su muñeca derecha.





El entrenador español, Sergio Scariolo, llamó la misma noche del domingo a su discípulo en las filas del Khimki (Rusia), Raúl López, para suplir la baja de 'Calde'. El de Vic tiene experiencia de sobra a nivel internacional y, curiosamente, también una larga lista de lesiones que han lastrado toda su carrera desde su salida del Real Madrid en 2001 para recalar en los Jazz de Utah hasta la actulidad. El junior de oro aseguró estar "preparado para aportar lo que necesite el equipo", ya que sabe "exactamente lo que quiere Sergio (Scariolo). Llevo un año a sus órdenes y sé que muchos de los sistemas que se están jugando son de la misma filosofía que él habitualmente utiliza", agregó.

Krzyzewski, con un '12' inesperado

Coach 'K', Mike Krzyzewski tenía que descartar un jugador más para configurar la plantilla definitiva de cara al día 28, y las dudas rondaban en torno a los nombres de Kevin Love, Stephen Curry, y, sobre todo, Eric Gordon. Sin embargo, una decisión inesperada de última hora por parte de Rajon Rondo, base titular del equipo, ha dejado la lista de 12 cerrada, finalmente.

Según Jerry Colangelo, rector de USA Basketball, “Rajon vino y nos dijo que se iba a retirar del equipo, que tenía asuntos familiares que atender antes de empezar la temporada NBA”. De esta forma, Derrick Rose y Chauncey Billups parten con la batuta de inicio para dirigir al equipo, mientras que el resto de posicones estarán más compensadas. La hipotética baja de Kevin Love habría dejado sin pívots suplentes a Krzyzewski. No obstante, Rondo partía como uno de los mejores jugadores jóvenes del torneo.